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Babilonia por Teatrika (1975)

El intento de crear esta sección deviene nuevamente de una duda, un interrogante. ¿Qué pasó mientras no estabamos?. Se nos aparece como “la necesidad” (sin la cual no estaríamos) de conocer lo hecho y lo transitado en nuestra ciudad (historia, grupos, acontecimientos, lucha, procesos, dinámicas, etc) para completar aunque sea un poco el andamiaje de lo que hoy somos y aproximar la llegada de nuevas síntesis. Empecemos por nosotros. Elegir sugiere un recorte en el estudio. La elección de “Babilonia, una hora entre criados”, por el grupo Teatrika en el año 1975 tiene una gran parte de misterio y otra gran parte que incluye alguna información encontrada en conversaciones de otros, por ejemplo: escuchamos hablar de éxito. No haremos juicio sino que iremos a la confrontación ya que para cada uno (inclusive de nosotros) la palabra “éxito” remite a cosas diferentes y hasta opuestas. Tampoco abriremos juicio en cuanto a lo estético o lo teórico siendo concientes de la indisolubilidad de estos conceptos; un grupo o una obra es (sería) la Unidad y la conjugación de estos signos, conceptos, elementos o como deseemos llamarlos. Escuchamos hablar del resurgimiento del Teatro Independiente, del significado del término Teatro Independiente en nuestro país y en nuestra ciudad. Y lo que incluye a todas estas aristas: el contexto socio-político del país. Diez meses después del estreno comenzaría la etapa más oscura y siniestra para la Argentina con el golpe militar del 24 de Marzo de 1976.

Entonces nos propusimos Confrontar sin Pre-juicio Escuchando como los niños que en la ronda escuchan los relatos del más viejo de la tribu, deseando conocer, unir y visualizar aquel mundo lejano y no tan lejano y, sobretodo, no perdido.

BABILONIA

Nos reunimos con dos actores del elenco: Carlos Caruso y Susana “Mimí” Ansaldi, también con Pepe Costa, el director. De este encuentro pudimos hallar algunas señales.

Es sábado a las veintiuna o a las veintitres o domingo del año 1975 ó ‘76 ó ‘77. Los que aguardan en la Sala de Exposiciones del teatro tuvieron que sacar su entrada el viernes o bien una hora antes o bien haber hecho una llamada telefónica reservándola. La puerta de la sala hace un crujido lento y derrama música en disco de pasta de los años veinte que desciende de la fiesta de “los de arriba”. La gente se dispone a entrar “a la gruta”. El bendito telón esta vez está elevado. En una tarima de 4,20 metros trece “personas” preparan el drama.

Caruso -Mimí era la co-directora y una de las cosas que propuso fue que al comienzo del espectáculo, cuando se abrían las puertas de la sala no estaría el telón bajo, el telón estaría levantado, todo el espacio iluminado y nosotros trabajando.

Mimi -Todos estabamos sacando brillo a las cosas, subíamos y bajábamos, hablábamos entre nosotros, algunos se arreglaban el pelo, otros se acomodaban las medias. Cuando ellos entraban ya estaba en funcionamiento la escena.

Lo que se espía es de color sepia, un algo que ha permanecido inmutable.

Mimi -Hicimos una reconstrucción total con “Babilonia”. Las monedas eran de1925. Miquelevich que vivia en la calle 1º de Mayo y que era un viejito que les daba el nombre a las calles de Rosario, tenía colecciones completas de revistas y libros de los años veinte, treinta y cuarenta. Yo fui a su casa varias tardes y hablé con él. Le pregunté absolutamente todo. Por ejemplo, qué papel se usaba para envolver las flores, seda o celofán, o si él se acordaba de la ropa de aquella época, entonces agarramos las revistas “Caras y Caretas” e hicimos toda una reconstrucción de los uniformes de criados. De ahí sacamos el diseño de los vestuarios. También tuvimos la suerte de encontrar a un señor que tenía una Compañía de Servicios. Se llamaba Compani. El padre de él había tenido una confitería en los años veinte que estaba en el Palacio Fuentes. Ahí encontramos todo, desde una bandeja y una copa de metal hasta la receta para hacer unos bombones. La reconstrucción de la época fue muy estudiada y este hombre que tenía mucha información de las costumbres, los modales y las características de la gente, nos ayudó mucho.

Un agujero con la forma de una puerta en la pared al ras del piso deja ver las cacerolas humeantes que cocinan el banquete.

Caruso -Ese lugar fue un hallazgo. No se había utilizado nunca, era realmente un sótano, estaba en el fondo del escenario. Entonces se abría una puertita y se veía a la gente trabajando en la cocina.

La obra maestra de Armando Discépolo, la hazaña de condensar en la escasa hora y media la historia social, política y económica de este país a partir de los inmigrantes que vinieron a consolidar el famoso proyecto del 80, escribe Ernesto Schoó en una crítica del año 77, comienza a tejerse.

Mimi -Terminamos la temporada del 75 y durante el verano propuse hacer un trabajo. Nos organizamos en equipos y empezamos a hacer improvisaciones sobre el antes y el después de Babilonia, antes que sean criados de esa casa.

Caruso -Una noche hicimos “Babilonia” en el año 1926, teniendo en cuenta que la obra transcurre en el año 1925, y nos encontramos con la vida que habían tenído cada uno de esos personajes, de acuerdo a lo que cada uno sentía. El trabajo estaba ligado a aquellos personajes y no a la situación dramática de la obra. Era lo que habían vivido después de la caída del telón.

Mimí -Eso enriqueció mucho la puesta, le dejó un peso mucho más grande y profundo. Hubo más compromiso por parte de los actores, porque los personajes son practicamente todos estereotipos. Estaban muy bien armados actoralmente pero no tenían la profundidad que adquirieron después de todo ese trabajo.

Caruso -Una sola persona de todo el elenco tenía un abuelo argentino. Todos los demás eran extranjeros.

Mimí -La inmigración fue muy importante. Había sucedido apenas unos años atrás. Para motivarlos en la composición de los personajes yo les contaba que me acordaba que cuando era chiquita me llevaban a lo de mi tía donde siempre llegaban parientes, que paraban los mateos, que bajaban los baúles, que venían las mujeres vetidas de negro con los pañuelos negros hablando de otra forma. Algunas venían ya con compromiso de matrimonio y no conocían al novio, se casaban practicamente por poder. Y abrían los baúles con olor a humedad por estar cerrados tanto tiempo en los barcos, y traían unos panes hechos con chocolate, maní y una pasta, muy duros y todos comían porque tenían una necesidad imperiosa de tener el sabor de su tierra. Yo veía las caras que se transformaban por toda la añoranza a su pueblo y a su lugar. Eso fue lo que traté de transmitir.

Caruso -Y eso fue lo que puso en la obra. Había un momento muy emocionante donde se escuchaba una música que venía de arriba y todo se convertía en un infierno.

Mimí -Hablaban de la tierra, empezaban a recordar y a sentir y a desarmarse, decían cosas totalmente diferente a lo habitual entre sus compañeros, el comportamiento se modificaba.

Caruso -Sin cambiar una sola palabra del texto.

Mimí -Eso fue lo importante, ese fue el éxito de “Babilonia”: la esencia que se encontró en todo eso cuando se hacían las improvisaciones. Entonces cada uno recordaba cosas de su familia.

Caruso -Buscaban las motivaciones y las vivencias y las ponían al servicio del texto del autor.

Mimí -Cuando entrábamos al teatro dos horas antes ya empezabamos a construir el clima, no se hablaba de otra cosa, todo giraba alrededor de Babilonia.”

El collar ha desaparecido, se precipita el desenlace. Apenas unos pasos fuera del teatro también estalla la trama pero como un macabro espejo: lo que ha desaparecido no es un objeto sino miles de personas. De la maquinaria una pieza se extraerá para cumplir con el sacrificio. Así y solo así el terrible aparato podrá seguir su marcha.

Caruso -Además fue un momento político exacto. Nuestra versión de “Babilonia” cayó en un momento político justo. Plena Dictadura. La obra cerraba con Siglo XX Cambalache, que sería una condensación que hizo Enrique Santos Discépolo de la obra, y no podíamos ponerla porque era material subversivo. No nos dejaban poner Cambalache y nos dejaban hacer Babilonia.

Mimí -Lo que pasa es que “Babilonía” es una obra revolucionaria, en el sentido que estaban “los de arriba” y “los de abajo”. Entonces mostraba realmente lo que estaba sucediendo y cómo en un momento determinado se mezclaban y se utilizaban entre sí. Porque “los de arriba” necesitaban favores de “los de abajo” y éstos hacían ciertas concesiones con los otros porque economicamente les servía. Es un poco la conveniencia, yo te protejo, soy la que tengo que guardar mis necesidades. Es lo que hacemos los argentinos, somos solidarios, solidarios pero hasta ahí nomás. Es: primero yo y después lo que puedo hacer por los demás.

Caruso -No sólo el éxito, digamos, “teatral” sino que también fue un éxito en otro sentido. Sirvió para que actores de distintos grupos y de distintas agrupaciones sin ninguna relación en cuanto a formación, nos amucháramos. No solamente por “Babilonia” sino por el movimiento que hubo en esos dos o tres años.

Mimí -Lo que permitió que nos pudiésemos comunicar y nos uniéramos. De ahí surgió la posibilidad de armar la Delegación Rosario de la Asociación Argentina de Actores.

Caruso -Y “Babilonia” fue una parte del gran movimiento que hubo.

Gallegos, porteños, alemanes, napolitanos, cordobeces, italianos, todos los desterrados en la galera del prestidiyitadore gritan el nombre de la autoridad, nada puede seguir como antes, algo se ha roto para siempre. El deseo se condensa en el espacio hasta el final.

Caruso -Todos gritaban ¡Señora! ¡Señora!. Llamando a la dueña de casa para culpar al que realmente había robado el collar. En medio de los gritos se apagaban las luces y comenzaba a escucharse Siglo XX Cambalache cantado por Julio Sosa. Las luces se prendían y estabamos todos inmóviles como en una antigua foto color sepia. Después salíamos a saludar de a tres rompiendo la foto.

Todo lo que se toca regresa a lo que es, y lo que es, inexplicable dentro de cada uno, quizá, se halla sacudido un poco aunque sea por una vez, aunque sea un instante. Luego de una hora y media la puerta vuelve a cerrarse detrás del último espectador. El silencio y la oscuridad manchan cada vez más las cosas.

De aquella foto sepia inmolada en el espacio han pasado veintisiete años, hoy vuelve como un rasguño que el tiempo no pudo dar y el Cambalache del siglo XX aún sigue sonando.

Experiencia Cervantes

Luego de la segunda temporada en cartel la Babilonia de Teatrika es invitada a desembarcar en Febrero del 1977 en el Teatro Nacional Cervantes que en ese momento estaba encabezado por el nuevo director Rodolfo Graziano.

Mimí- Cuando llegamos dejamos todas las cosas y yo me fui a tomar un café con Emilio Stevanovitch, entonces el jefe de piso del teatro le preguntó: ¿Qué tal esta gente? y él le respondió: “Mirá artisticamente no los he visto pero organizativamente son como los ingleses” Porque nosotros teníamos todo codificado. Cada cosa tenía un número y una serie.

La conferencia de prensa no fue para nada convocante, la aparente indiferencia de los locales no generaba demasiada espectativa en cuanto a un arrivo numeroso de público, pero no fue así.

Caruso- El día del estreno tuvimos que estirar el comienzo porque no nos alcazaba. Improvisamos sobre lo ya armado.

Y no sólo fue sorpresivo que durante las diez funciones la sala se haya colmado de espectadores sino que hasta a uno de los integrantes del grupo lo invitaron a formar parte del elenco estable del Cervantes.

PEPE COSTA DIRECTOR

“teníamos ganas de hablar de una lucha de clases”

El grupo se forma en el año 72 por una necesidad de nosotros de volver a hacer teatro, de volver a crear un grupo. En ese momento se usaba mucho la letra K, por eso Teatrika, de todas maneras esto pertenece a una diosa griega o romana que salvaguardaba a los teatros. Empezamos a reunirnos y buscamos un texto y nos iniciamos con una obra de autor rosarino Manuel Loterztein que se llama “Enfermedad Peligrosa”. Al segundo año realizamos “Mariano Moreno” de Gustavo Gabriel Levene. Ya reforzado el elenco con gente experimentada y reconocida nos surge el tercer montaje, donde yo creo que lo que hay que significar es la época: junio del ‘75. El renacimiento primero de un autor importatísimo que se llamó Armando Discépolo y segundo el renacimiento de lo que había sido el Teatro Independiente de la Década del ‘40, de donde nos habíamos formado. ¡Todos a hacer todo! La denominación Teatro Independiente proviene de independizarse del productor. Este es el origen. Era la revolución contra el productor. Nosotros queríamos hacer todo. Se armaba una cooperativa con distintos puntajes y todo el dinero quedaba para el teatro y todos los actores cobraban. Tenías que hacer algo que tuviera un contenido filosófico, cultural, político, algo que pegara, algo con mensaje. Antes le decían: teatro de izquierda. El teatro independiente es contestatario. Vos buscabas algo. Nace también contra el teatro burlesco, contra la chabacanería. Entonces hacemos Babilonia y ésto produce un fenómeno, por el momento que se vive. Si hay diferencias de clases sociales esta obra incluye a todas las clases. Ahí creo que está el éxito de Babilonia, el momento en que se presenta. No se la puede desglosar de la época. Pertenece a ese momento, a esa cultura. Y el momento no está buscado sino que está provocado, yo no lo búsco sino que me aparece, no se puede predecir. En ese momento tengo ganas de decir esto, y en ese momento teníamos ganas de hablar de una lucha de clases como la que se da en Babilonia, de la opresión de una clase social. Después hicimos “Los Disfrazados” de Carlos Pacheco, “Nuestro Pueblo” de Thorntom Wilder, “Rockefeller” de Raúl de Obaldía, “Los hermanos queridos” de Gorostiza y una versión de “El lazarillo de Tormes”.

Babilonia es el primer sainete donde se encierra a la gente. Los sainetes son siempre al aire libre, en los patios de los conventillos y esta es la primer obra que se desarrolla con los personajes encerrados en un sótano. No hay antecedentes. Tiene que ver con el concepto de Grotesco, la gruta, pero fundamentalmente con el otro término el de la Herna Bifronte un bicho de Italia que tiene dos caras como en la tragedia, la que rie Melpómene y la que llora Talía. Cuando provocás el grotesco la gente se ríe de algo dramático y llora de algo reidero.

De los grupos viejos ya no quedaba ninguno ni “El faro” ni “Centro dramático” ni “Meridiano 69”. Nosotros con “Mariano Moreno” y con “Babilonia” renacemos, se inicia otra época. Junto con la reivindicación de un autor como Armando Discépolo que estaba abandonado (hay que tener en cuenta que él muere en el ‘72 y escribe su última obra en el ‘36) empiezan a surgir nuevamente grupos rosarinos (“Teatro del Mercado Viejo” dirigido por David Edery, otro que dirigía Daniel Rosia, etc.) con la misma temática y cambiando el esquema del Teatro Independiente, pero fundamentalmente con obras de Discépolo como: “El organito”, “Relojero”; Néstor Zapata hace “Stéfano”, osea que sale toda una cosa discepoliana de Rosario, única.

En cuanto al proceso creativo de Babilonia no hay nada nuevo. Primero el análisis del texto, a dónde apuntábamos, qué queríamos y a partir de allí el trabajo con los actores y la división de las escenas. No hubo ningún misterio.

Si la obra estaba bien hecha o no, si la interpretación de los actores era buena o no, eso pertenece a los críticos. El fenómeno está en el público.

Lo que se perdió fue el país. Se pierde todo lo que lleva, ponele las comillas que quieras, “el progreso”. Se pierde una cosa social. El teatro funciona unicamente con el espectador, aunque sea uno, pero no tenemos ese uno, lo que se pierde es eso y no lo grupal.

La última función de Babilonia fue el 9 de julio de 1977. El 13 de octubre de 1980 el grupo se disuelve como se disuelven todos los grupos. Llega un momento en el país, en la ciudad y en el grupo que no va más. Comienzan a entrar distintas corrientes filosóficas, diferentes teóricos de teatro y autores. Pero no sólo Teatrika termina también miles de grupos más. Hay un momento en que, como todo en la vida, se deteriora.